En un mundo en
que las arenas cubrían las calles, y el agua escaseaba, este recurso se volvió
el elemento más común de intercambio. Algunas personas podían vivir
cómodamente, sin preocuparse por que les faltara el agua, pero otros tenían que
trabajar arduamente para lograr obtener un vaso de agua para poder beber en el
día. En estas circunstancias era
bastante común en las ciudades más pobres, en donde no existía la ley, la
compra y venta de esclavos, ya que para los hombres que estaban solos era mucho
más conveniente el tener una esclava, a las cuales se les podía incluso dar el
agua que usaban para lavarse, que una mujer que tuviera que consumir agua
potable y limpia.
De igual forma
era en un pueblo ubicado en uno de los desiertos más grandes que se conocieran.
No era un pueblo con mucha vida, y los únicos que llegaban a él, eran los
bandidos que buscaban vender su mercancía, o gente que se perdía en el
desierto. La gente que vivía en aquel pueblo era verdaderas lacras de la
sociedad, desde hombres que había violado a docenas de mujeres hasta verdaderos
asesinos en serie que en busca de un descanso llegaban hasta esas tierras. Este
pueblo se llamas Cremna. Solo había una un día al mes en que el pueblo se
llenaba de vida, y ese día era cuando llegaba la gran caravana de esclavas, una
caravana llena de chicas jóvenes, las cuales eras raptadas de sus familias a
corta edad, o incluso eran vendidas, cuando las familias no tenían los medios
para mantenerlas. El grupo que dirigía la caravana las tomaba y las trataban de
una forma totalmente horrible, obligándolas a tener relaciones en cualquier
momento, y dándoles de comer las porquerías que sobraban, eso hasta que
cumplían una cierta edad en que ya las vendían, para luego buscar nuevas
mercancías.
Es así como
llegamos al comienzo de nuestra historia, el día en que nuevamente la caravana
venía al pueblo.
-¡ya viene… hay
vine la caravana de esclavas!- un gran grupo de hombres en su mayoría, y con
algunas mujeres, se congregaron en la plaza del pueblo, para presenciar el show
que un día al mes los entretenía a todos.
Desde muy lejos
se veía como las personas despejaban el camino para dejar parar a la famosa
caravana, que era encabezada por un carro, el cual daba la impresión de ser una
casa con ruedas movible. Este carro jalaba de cinco grades jaulas, la cuales
estaban cubierta con pieles por todos lados, para que la gente no pudiera ver a
las esclavas antes de tiempo. Cuando el carro se detuvo, una de sus puertas se
abrió y seguido bajaron dos hombre, uno de los cuales era mucho más joven que
el otro, de no más de veinte años, y al parecer se encargaba de cumplir con las
indicaciones del hombre más viejo, el cual era alto de pelo canoso, y con una
abundante barba. El joven se acerco a la jaula de esclavas y el más viejo se
acerco a su público.
-¡una vez más
hemos vuelto con nueva mercancía!- esas solas palabras hicieron que todos los
pueblerinos presentes se emocionaran y estallaran en gritos -¡entonces vamos a
comenzar esta venta con una sorpresa!- fue entonces que el joven apareció
nuevamente, jalando de unas cadenas a las cuales iba atado un hombre de unos
treinta años, más alto que el joven que lo jalaba, y una piel enrojecida por él
sol. Aquel hombre atado solo llevaba puesto unas telas que cubrían su
entrepierna, pero además de eso, se podría decir que estaba desnudo. Gracias a
su vestimenta se podía apreciar que era bastante fornido, cosa que contrastaba
bastante con su conducta dócil, casi sumisa.
-¡este joven
tiene mucha fuerza, y le servirá mucho a cualquiera que necesite realizar
trabajos pesados y agotadores!- era de conocimiento público que la caravana de
esclavas algunas veces también vendía hombres jóvenes, por lo que hombres de
diversas partes del mundo llegaban con la intención de adquirir algún esclavo,
en vez de tener que pagarle a alguien por los trabajos.
-entonces, para
comenzar, el precio mínimo de venta son 20 litro de agua, ¿alguien lo quiere?-
luego de la pregunta del viejo vino un silencio expectante, mientras la gente
esperaba a que alguien quisiera comprar al joven.
-yo doy los 20-
de repente un hombre de mediana edad alzo la voz con la intención de comprar al
joven.
-¡entonces se
vende a las una, a las dos!…. ¡Y a las!-.
-¡alto, yo doy
50 litros de agua!- salto una de las mujeres, de unos 40 años, para ofrecer más
por el joven.
-¡en 50
entonces!, alguien más, o se vende en uno, dos y vendido a las señora que esta
atrás del grupo- el joven asistente, que jalaba del esclavo, se acercó hasta la
señora que estaba al final y le entrego la cadena del esclavo.
Así la venta continuó,
siguiéndole al hombre, tres chicas muy guapas, que fueron compradas por un
mismo hombre, que al parecer quería seguir comprando más esclavas.
-¡bien, estamos
ya en la última venta de hoy, Esteban, trae a la chica!- Esteban, que era como
se llamaba el joven asistente, apareció entonces jalando de las cadenas de una
joven muy hermosa, que no paso desapercibida para nadie de los presentes. La
joven parecía que era más joven que las demás esclavas que se habían vendido
hasta el momento, y al igual que las demás, solo iba vestida con unas telas que
cubrían su entrepierna.
-como lo pueden
notar, esta chica es la más joven que traemos, solo tiene 18 años, y es de lo
mas servicial, ¿Quién la quiere?... su precio inicial son de 50 litros-.
-¡ofrezco 150
litros!- el hombre que había comprado a las chicas anteriores no quería dejar
ir a aquella belleza frente a sus ojos -es todo lo que me queda para comprar,
pero no importa, dudo que alguien en este pueblo pueda ofrecer una mayor
cantidad… jajaja- nadie dijo nada entonces, y el viejo de la caravana estaba a
punto de concretar la venta, mientras que Esteban iba a entregarle la chica a
su comprador.
-¡yo ofrezco 200
litros!- de la nada un hombre alzo la voz, ofreciendo una cantidad mayor. Aquel
hombre era conocido por todos, ya que siempre iba al pueblo cuando llegaba la
caravana, pero nunca compraba nada, y tampoco se veía que disfrutaba del show.
Era un hombre
alto, y de lentes, de pelo corto, y llevada una larga chaqueta que lo cubría
hasta los pies.
-… ok… okay,
¿nadie más piensa ofrecer?- la pregunta fue contestada con un absoluto
silencio, que solo se rompió cuando le vendedor volvió a hablar –entonces se le
vende la chica al señor de lentes- el viejo que había comprado a las chicas
anteriores no podía creer lo que había pasado, y aunque no paraba de
refunfuñar, ya no podía hacer nada, sabía muy bien que un negocio era un
negocio, y este ya se había completado.
Esteban jalo de
la chica hasta aquel hombre de lentes y le entrego la cadena, y el hombre de
lentes señalo un lugar con cinco barriles, cada uno con unos 40 litros de agua.
Luego de pagar por la chica, se alejo de la plaza lo más rápido posible, jalando
de la chica con gran rudeza.
Cuando el hombre
se detuvo por fin, ambos estaban ya
lejos de todos los ruidos de la plaza, junto a una moto de arena, muy común
para transportarse en el desierto.
-perdona por lo
rudo que he sido, pero quería salir de ese lugar lo más rápido posible….-
mientras el hombre hablaba, saco una llave, que le entregaron junto con la
chica, y soltó las cadenas de la joven –sabes, me llamo Arturo… ¿tú tienes un
nombre con el que te pueda llamar?- la joven no pronuncio ningún palabra, y
solo se quedo mirando el piso.
-¿no recuerdas
si alguien te ha dado algún nombre alguna vez?- mientras hablaba, Arturo se
saco la chaqueta y cubrió con ella a la chica.
-no te
preocupes…, mira… te llamare como a mi hija... Natalia…- luego de ponerle la
chaqueta, y darle un nombre a la chica, se la quedo mirando un segundo, y luego,
de la nada, la abrazo.
-…per …perdona…
es que me recuerdas un poco a mi hija…., ella se fue de casa hace un año… y
nunca la he vuelto a ver, y bueno…. – el hombre seguía hablando, como si
estuviera convencido de que sus historias le interesaban a la joven, pero esta
seguía sin decir nada –bien mejor… lo dejo para otro momento, por ahora vamos a
casa Natalia..., vamos, sube a la moto- Arturo subió a su moto, y espero que la
chica hiciera lo mismo. Esta tardo un poco en reaccionar, pero al cabo de unos
segundos subió. Entonces partieron a la casa de Arturo, que ahora también era
la casa de Natalia.
Así, una hora
después, llegaron los dos a la pequeña casa de Arturo, una casa de piedra con
puerta de madera, y dos ventanas en la parte de enfrente, una a cada lado de la
puerta. La casa había sido construida bajo un pequeño risco, el cual lograba
proyectar una sombra que cubría toda la estructura. El hombre de lentes condujo
a la chiquilla al interior de la vivienda, que consistía en una sala de estar,
una pequeña cocina, y dos habitaciones. El baño, como explico Arturo, estaba al
aire libre, pero no era un problema, ya que estaban realmente solos en ese lugar.
-sabes Natalia,
mi hija era casi de tu altura, y ella dejo muchos de sus vestidos en su
habitación…, si te parece puedes quedártelos…- Arturo apunto a una de las
habitaciones, la cual estaba con la puerta abierta –esa será tu habitación, la
otra la ocupamos mi mujer y yo- dijo mientras señalaba la otra habitación, cuya
puerta estaba cerrada.
-¿Dónde está tu
mujer?- Natalia estaba quieta en la entrada, mientras Arturo la veía sonriente,
ya que esta era la primera vez que escuchaba a la chica hablar.
-veo que ya
estas empezando a conversar… bueno, bueno…. Mi mujer está de compras…, ya va
siendo hora de comer… así que no creo que se demore mucho...- entonces Arturo
agarro a Natalia del brazo y luego la condujo a la habitación de su hija
–sabes…, antes de ponernos a conversar, mejor cámbiate de ropa, luego la dejo
dentro y cerró la puerta.
-escucha
Natalia, yo no quiero que seas una esclava… la verdad es que te compre como
una… pero desde ahora en adelante, te libero de la esclavitud, aunque siéntete
libre de vivir con nosotros...- luego de un pequeño silencio se escucharon los
pasos de Arturo alejándose.
Entonces Natalia
comenzó a revisar entre los vestidos de la hija de aquel hombre, y en cuestión
de minutos estaba en la sala de estar, junto a Arturo, que contemplaba lo bella
que se veía con un largo vestido de color verde, que le llegaba hasta las
rodillas. Parecía que el vestido estaba hecho para ella, y así se lo hizo saber
Arturo.
-increíble… debo
decir que el vestido te queda mejor a ti que a mi hija- en ese momento un par
de lagrimas resbalaron por las mejillas de Arturo.
-¿Por qué esta
llorando?- Natalia se acerco a Arturo y con una gran dulzura y delicadeza seco
las lagrimas de la cara de esté utilizando el mismo vestido que llevaba puesto.
-no lo sé…, pero
no me hagas caso, son cosa mías, nada más…, oye, ¿no escuchas algo…?- ambos se
quedaron en silencio, y efectivamente lograron escuchar el ruido de un vehículo
que se acercaba a la casa de Arturo.
-no…, no… ¡NO DE
NUEVO!- al escuchar aquel ruido Natalia enloqueció y se dejó caer al suelo,
cubriéndose la cabeza con los brazos.
-¿tú conoces de
quien es eso vehículo?- Arturo se agacho junto a Natalia, colocando sus manos
en los hombros de la chica intentando calmarla
-¡es la
caravana!... ¡No quiero volver que me lleven de nuevo!- entonces, como en acto
paternal, Arturo abrazo a la chica y la beso dulcemente en la frente.
-…tranquila, no
dejare que te lleven a ningún lado, esta es tu casa ahora, y yo me encargare de
protegerte- luego Arturo llevo a Natalia a la cocina, y cerro la puesta
–quédate hay escondida por si algo llega a suceder…- mientras terminaba su
frase se escucho un golpe en la puerta.
-¡abran rápido…
si no lo hacen…, derribare esta puerta!-.
Arturo
reconoció, para su pesar, la voz del hombre de barba que dirigía la venta de
esclava en la ciudad, cosa que le dio un mal presentimiento. Se acerco
lentamente a la puerta, ignorando la voz del hombre que estaba gritando y
exigiendo que se diera prisa, y abrió la puerta, encontrándose con aquel hombre
de barba y con Esteban, el mismo joven que le entrego a Natalia.
-¿cómo esta
señor?… lamento molestarlo…, mi nombre es Gregor y usted me compro una esclava
hoy en la tarde…- Natalia escuchaba atenta desde la cocina, mientras Arturo
pensaba en que contestarle al señor que tenía en frente.
-sí, me acuerdo
de usted… ¿en qué puedo ayudarle?-.
-pues vera, hay
un cliente que me está ofreciendo una cantidad increíble de agua por esa
chica…, bueno, yo trate de explicarle que ya la había vendido, pero que podía
ofrecerle cualquier otra chica…, incluso le ofrecí más de una, pero me insiste
que quiere a la chica que le vendí a usted- Arturo estaba demasiado furioso por
como este hombre se refería a Natalia, la trataba como a un simple objeto, pero
no podía hacer nada, sabía que estaba tratando con un hombre muy peligroso, y
no sería bueno hacerlo enojar.
-perdóneme señor
Gregor, pero si quiere que le devuelva a Na…, a la chica que me vendió, la
verdad no estoy interesado- Natalia no sabía que pensar, hasta ahora Arturo
había sido muy bueno con ella, pero la verdad era que no lo conocía, y ¿Qué
pasaría si cambiaba de opinión?
-mire señor, no
le estoy pidiendo que me la de sin más…, mire, estoy dispuesto a entregarle 300
litros de agua- Gregor estaba dispuesto a que Arturo le entregara a la chica
por cualquier medio, y no admitiría un no por respuesta.
-repito, no me
interesa…- Arturo estaba perdiendo la paciencia con la insistencia del dueño de
la caravana, el cual había estado todo el tiempo con ambas manos en los
bolsillos.
-pues, entonces,
que le parece, si además de los 300 litros de agua, le agrego una esclava, la
que usted quiera, créame que tengo muchas para elegir, algunas chicas muy
bonitas por cierto…- en ese momento se hizo un largo silencio, en donde Natalia
pensó que estaba perdida, tal vez Arturo la encontraba parecida a su hija pero
la realidad es que no lo era, estaba segura de que no sacrificaría lo que le
estaba ofreciendo Gregor, al menos no por alguien a quien apenas había
conocido, y en verdad ¿Por qué ella tendría que confiar en un hombre que apenas
conocía?, era prácticamente lógico que él aceptaría.
-señor Gregor,
realmente no quiero faltarle es respeto… ¡pero cuantas veces tendré que
repetirle que no me interesa su oferta! ¡y le diré algo más, NATALIA ES PARTE
DE MI FAMILIA, POR LO QUE NUNCA MÁS VUELVA A TRATARLA COMO UNA ESCLAVA! ¿Me
entendió o se lo repito?- Arturo estaba muy molesto con el comportamiento de
Gregor, por lo que no pudo controlar sus palabra, mientras que Natalia no podía
creer lo que había escuchado, Arturo en verdad se estaba enfrentando a un
hombre tan peligroso como Gregor por ella.
-pues… ¡es usted
un hombre muy tonto!- sin aviso aquel Gregor sacó una pistola desde su bolsillo
derecho, y disparó a Arturo hasta que el arma se quedo sin balas -¿acaso no
sabe apreciar un buen negocio?... pero que hombre más tonto…- luego entrego el
arma a Esteban, que presencio todo el acto, y entro con ímpetu a la casa de
Arturo para buscar a su esclava.
Natalia, que sin
haber visto lo que había sucedido, no tuvo problemas para imaginarlo, por lo
que estaba en completo estado de shock, en parte porque no quería regresar con
el hombre que la buscaba, y porque cierta parte de ella estaba preocupara por
la condición de Arturo. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos sin control
alguno. Entonces sintió como la puerta se abría de un golpe, y la figura de
Gregor apareció en el umbral, el hombre que durante toda su vida la hizo sufrir
de una manera inimaginada, tratándola como a un verdadero objeto sin vida. Fue
en ese momento que el miedo que Natalia sentía se fue convirtiendo en una furia
increíble por todo lo que le habían hecho ella, y por lo que le habían hecho a
ese hombre que estuvo dispuesto a protegerla. Rápidamente Natalia tomó un
cuchillo que estaba cerca suyo y se lanzó en contra de Gregor, que no tuvo
tiempo de reaccionar y fue víctima de aquel ataque. Esteban, que presencio
aterrado aquella escena, escapo lo más rápido que pudo en el vehículo de la
caravana, sin intención alguna de volver.
Entonces la
chica se acerco a Arturo, quien había perdido mucha sangre, y ya no respiraba,
y sin poder hacer nada, Natalia se rompió a llorar sobre el cadáver del hombre
que la había sacado de la caravana de esclavas y que le había dado un hogar. Fue
en ese momento que Natalia se dio cuenta de que en el bolsillo de la camisa que
Arturo llevaba puesta, había un sobre con una carta. La chica saco la carta del
sobre y se dio cuenta de que estaba dirigida a “Natalia”, que naturalmente
debía tratarse de la hija. Natalia pensó entonces en devolver la carta al
bolsillo de Arturo, pero algo en ella quería leer la carta, por lo que termino
cediendo a su impulso:
Hola Natalia, espero que estés bien,
sabes, cuando te vi por primera vez te dije que tenía una hija parecida a ti, y
por eso te llame Natalia, pero eso no es verdad, la verdad es que ese es tu
verdadero nombre, y tal vez ahora mismo te está preguntando como lo sé, y la
respuesta es que tu eres mi hermana.
Cuando yo tenía 12 años decidí salir
a trabajar, ya que nuestros padres no tenían los medios para mantenernos a los
dos. Por entonces tú todavía no habías nacido, por lo que no alcance a verte, y
cuando volví ocho años después, me entere de que una banda de ladrones había asesinado
a nuestros padres y te habían llevado con ellos. Durante mucho tiempo
investigue y te busque, pero sin ningún resultado hasta hoy cuando te vi
bajando de la jaula de la caravana. Sabes, te reconocí de inmediato, ya que
eres la viva imagen de nuestra madre, hermosa y joven. De verdad es una gran
alegría para mí el haberte podido encontrar, no sabes la alegría que ciento en
este momento.
Perdona por decírtelo así por medio
de una carta, pero me dio miedo de que no me creyeras, pero ahora por fin
volvemos a estar juntos y desde ahora en adelante podremos decirnos todo lo que
sentimos, podremos vivir juntos como familia.
Cuando
Natalia terminó de leer la carta de Arturo, se percató de que en el sobre había
una foto, y cuando la saco se sorprendió al ver una foto de un hombre muy
parecido a Arturo, y una mujer que se le parecía mucho, no cabía la duda de que
se trataba de una foto de sus padres. Una tristeza enorme invadió entonces a
Natalia, que justo cuando se había esterado de que tenía un hermano, se lo
terminaron arrebatando, dejándola completamente sola en el mundo.
Más tarde
cuando la mujer de Arturo llego a la casa, se encontró con una horrible escena,
un hombre acuchillado en la cocina, Arturo, en un charco de sangre en la sala,
y sobre él, colgaba una chica, que se había ahorcado, con una carta en una mano
y una foto en la otra.