Rincones

Libros

viernes, 27 de febrero de 2015

El Bárbaro y el Conquistador

“Ahí estaban aquellos bárbaros, que vestían con pieles de osos, y vivían en chozas de paja y barro. Aquellos que por las noches robaban nuestros animales y saqueaban nuestras granjas y cosechas, que trabajábamos cada día del año. No podíamos permitir aquello, que la comida que era para nuestro pueblo fuera robada frente a nuestras narices. No nos quedaba otra alternativa que sacar las armas y combatir por lo que era nuestro, y después de todo… era lo único que sabíamos hacer bien, todos éramos soldados, y nuestros padres e incluso nuestros abuelos lo habían sido… estaba en nuestras venas. Pateé a mi caballo para avanzar, y todos los hombres junto a mi hicieron lo mismo, y entonces con espadas en mano… ¡nos lanzamos a la batalla!”. Diario del Conquistador

“Un día de la nada llegaros esos hombrecillos, y sin preguntar ni decir palabra alguna comenzaron a echar abajo los arboles de nuestros bosques sagrados, y como si fueran dueños del mundo tomaban a nuestros animales y los encerraban y los decían suyos. Sabíamos lo que seguía a continuación… lo habíamos visto otras veces… aquellos hombrecillos que se creían dioses con el tiempo toman confianza y luego nos sacarían de nuestras casas y nos harían sus esclavos. Muchos lo habíamos vivido, y ninguno quería que nuestros hijos y nietos lo vivieran. Tomamos nuestras grandes cuchillas de caza y nuestros escudos de madera, y juntos avanzamos hacia nuestro enemigo y el nuestros dioses. ¡A LA BATALLA! Gritamos todos juntos”. Cuentos de Bárbaros

“Esos hombrecillos venían hacía nosotros montando sobre sus bestias, y con sus bonitas espadas amenazando a cada uno de los míos. Eran más que nosotros, pero nuestra habilidad en combate era mejor, y así se los hicimos ver cuando nuestros bandos chocaron y comenzaron a caer los primeros hombrecillos. Cada uno de nosotros valíamos al menos dos de ellos, pero eso no los asía retroceder, eran verdaderos guerreros, al igual que nosotros y sabíamos que esta batalla no llegaría a su fin hasta que ninguno de estos hombrecillos quedara en pie. Por nuestra parte también íbamos perdiendo gente, pero eso no nos haría retroceder mientras tuviéramos un enemigo en frente. Entonces en medio de la batalla, una mirada callo sobre mí, aquella mirada que había sentido muchas veces antes venir de un enemigo, una mirada asesina de alguien que lo dará todo para obtener a su presa. Era el hombrecillo líder de aquel grupo.” Cuentos de Bárbaros

“La batalla había comenzado, pero esas bestias eran más hábiles de lo que parecían, no es que fueran habilidad, más bien peleaban por instinto, y eso los hacía peligrosos, verdaderos animales en el campo de batalla. Cada una de las bestias que caían significaba dos o tres sacrificios, pero eso no nos haría retroceder, ya que teníamos un objetivo, peleábamos por lo que nos quitaron en otras tierras, peleábamos por nuestra vida y da de nuestras familias, por el derecho a vivir. Pero la batalla contra aquellos barbaros no estaba a nuestro favor, nuestros enemigos no retrocedían, íbamos perdiendo la batalla, pero todos, al igual que yo éramos soldados y sabíamos muy bien que las batallas no se ganaban sino hasta el último minuto. Entonces lo vi a él, el más grande de todos los bárbaros, aquel que se había llevado a más de mis compatriotas a la tumba en aquella batalla, y lo supe de inmediato, que una bestia sin cabeza no puede ganar una batalla, y sabía muy bien donde estaba la cabeza de mi enemigo… era él, aquel bárbaro era el líder, y si el caída los demás caerían detrás”. Diario del Conquistador

“Aquel hombrecillo no era más fuerte que otros con los que he combatido, pero su habilidad y velocidad eran muy superiores. Cada uno de mis ataques era esquivado con facilidad, y los de mi enemigo, aunque no eran mortales, daban en el blanco, e iban agotándome poco a poco, hasta que caí de rodillas, por el cansancio y el dolor. Aquel hombrecillo, levanto su espada como agradeciendo a sus dioses por la victoria… y luego apunto a mi cabeza con la punta de su arma, pero yo no moriría sin llevarme a mí enemigo, y como último intento levante mi cuchilla y ataque a su cuello directamente” Cuentos de Bárbaros

“Cada uno de sus ataque era tan fuerte que podrían haberme partido por la mitad, pero mi velocidad era superior y podía esquivarlos por milímetros. Era una batalla de concentración y agallas, en donde cada paso en falso podía significar mi muerte inmediata. Tenía que ir a lo menos tres turnos sobre mi oponente. Cada uno de mis ataques tenía la intención de debilitarlo de a poco, como si intentara llenar un vaso gota por gota. Esquivar y atacar, esquivar y atacar, seguí ese mismo patrón de ataque hasta que después de un buen rato, hasta que aquel gigantesco bárbaro callo de rodillas ante mí. En ese momento sentía las miradas de todos mis compañeros de batalla y como signo de victoria levante mi espada al aire, y luego con un rápido movimiento apunte con la punta de mi espada directo a aquellos ojos rojos del hombre que estaba ante mí. Ya en ese momento no podía pensar en nada más que en la victoria que nos esperaba, y en el futuro de mi gente”. Diario del Conquistador


“En el campo de batalla fuimos iguales, cada uno peleaba por sus familias y su gente, por un futuro de libertad para nuestros hijos y nietos, pero no fuimos capaces de darnos cuenta, ya que lo que es diferente a nosotros es nuestro enemigo, y no hay más vueltas que dar. Hoy ninguno de nosotros decidirá quien obtiene la victoria, lo hará aquel que lea nuestra historia”. El Bárbaro y el Conquistador. 

Más fría que la muerte

Todo estaba oscuro, y lo único que era capaz de sentir era un gran frío en todo su cuerpo, un frío que nunca había experimentado antes, y que no era capaz de describir con simples palabras. Sus ojos estaban cerrados, pensó, e intentó abrirlos, pero en ese instante una intensa luz lo obligó acerrarlos nuevamente. No entendía lo que sucedía, estaba confundido y sentía que había estado tanto tiempo en ese estado que casi olvidaba su propia existencia.
Intentó con esfuerzo recordar.  Tomás…, sí, Tomás era su nombre, y tenía dieciocho años…, no, faltaba poco para que cumpliera diecinueve. Era un estudiante universitario, y estaba es su primer año. Recordaba haber salido de su casa para llegar a clases, emocionado por llegar…, pero, ¿por qué estaba emocionado?, ¿Qué tenían de especial esas clases para él? No…, no eran precisamente las clases lo que lo emocionaban tanto, pero entonces si no eran las clases, ¿qué era lo que se ocultaba tras aquella emoción?
Intentó seguir recordando, se veía a sí mismo como si viera una película, cuya trama era su propia vida, una vida monótona por lo demás, eso era lo que pensaba. Se veía tomando la misma micro, pagando el pasaje escolar, y sentándose junto a la ventana, preparado para el largo recorrido hasta la universidad. Todo era normal, pero todavía no entendía por qué estaba emocionado. Bajo de la micro y camino un par de cuadras llegando finalmente a su universidad, para luego dejarse caer en los peldaños inferiores de una pequeña escalera frente a la entrada. Consulto su reloj, comprobando que había llegado media hora antes de la clase, y casi metódicamente saco del bolsillo su celular, pero no logró recordar que quería ver exactamente, ¿esperaba una llamada tal vez o algún mensaje?, o ¿era solo una simple costumbre que denotaba una conducta un tanto obsesiva?... Por más que pensó en el asunto no pudo llegar a una respuesta, pero por alguna razón que desconocía, le molestó.
Siguió recordando, habían pasado veinte minutos desde su llegada, en los cuales había vuelto a sacar su celular una y otra vez, sin resultados, y todavía no llegaba aquello que estaba esperando, sin embargo había visto a muchos jóvenes que reconocía como compañeros, pero no los había saludado, y ninguno de ellos había mostrado interés por saludarle. Se preguntó el porqué de la situación, pero rápidamente llego a una conclusión, siempre había sido así, desde muy pequeño le fue difícil comunicarse con el resto de sus compañeros, y eso lo terminaba aislando... Había sido así durante sus doce años de colegio, y seguía siendo así durante la universidad, nada había cambiado. Pensó un rato en la situación, mientras sus recuerdos todavía estaba detenidos, ahí en esa fría escalera de cemento, con bordes de goma, cuando de repente, una figura se le apareció en frente, una mujer de largo cabello negro, con una piel tan blanca como la nieve, y unos lentes que cubrían una mirada curiosa y analítica. Él se levantó al verla, y con palabras tímidas, pero que habían sido practicadas más de una vez durante aquel año, la saludó.
-hola… Sofy…-
-hola Tomás- le contestó la recién llegada, con un tono increíblemente natural, como si estuviera acostumbrada a decir esas palabras, y sin embargo en sus mirada y en su forma de actuar, Tomás pudo ver algo de temor.
Era evidente que la estaba esperando a ella, y ahora todo volvía a la mente, era Sofía, la única chica que podía considerar su amiga, una chica con un carácter introvertido, de muy pocos amigos. La había conocido el primer día de clases, cuando los agruparon para un trabajo, y rápidamente se hicieron amigos. Para él era fácil hablar con ella, y ella siempre se mostraba amigable. Ambos disfrutaban de la compañía del otro y con el paso de los días se habían vuelto muy unidos, al punto que en la universidad, nunca se separaba. Tomás recordó entonces que fue hace dos meses cuando decidido llegar antes de clases para esperarla, y así lo había estado haciendo desde entonces.
No obstante, nada de eso tenía importancia…, claro, por fin sabía, o creía saber el porqué de su emoción, pero eso no le ayudaba a entender su situación actual. Continuando con sus recuerdos, entraron junto con Sofía a clases, las cuales transcurrieron sin novedades, y entonces cuando llegó la hora de despedida los dos se quedaron el uno frente al otro delante de la entrada de la universidad.
-bueno Tomás, nos vemos mañana…- sin esperar alguna palabra Sofía dio media vuelta, y emprendió su camino.
-nos ve…- la frase de Tomás quedó inconclusa, y por un instante se quedó inmóvil, con la mano en señal de despedida, y un segundo después pegó unos grandes pasos para alcanzar a la chica que seguía en su mirada -¡espera…, espera un momento Sofy!- Tomás la alcanzo y rápidamente se colocó frente a ella.
-¿Qué sucede?- Tomás la sorpresa en el rostro de su amiga.
-Sofía…, yo..., quiero que sepas…, quiero decirte que tú…- las palabras no lograban salir de la boca de Tomás, y la expresión de Sofía denotaba una mezcla de confusión y temor por lo que su amigo le quería decir –Sofía, tú…, tú…, tú me gustas..., ¿te gustaría salir con migo alguna vez?... – eso era, ya no podía estar equivocado, Tomás había despertado ese día con la intención de invitar a Sofía a salir, y eso era la causante de su emoción. Pero por alguna razón, mientras recordaba ese momento, sentía un gran dolor en su corazón, y por primera vez quiso dejar de recordar.
Observó a su amiga por un momento, la cual estaba inmóvil, pensativa, como analizando un problema matemático imposible de resolver, un problema, que aunque le diera mil vueltas, no encontraría una solución.
-… Tomás, te tengo un gran afecto…, pero solo como amigos…, perdóname si no es lo que esperabas…, pero solo quiero ser tu amiga…, nada más…, y por favor, deja de esperarme todos los días…, me asustas…- unas lágrimas cayeron por las mejillas de Sofía, quien sin decir una palabra más, siguió su camino a paso veloz.
Tomás, sin saber qué hacer, siguiendo a Sofía con la sus ojos, quien, casi corriendo, se aproximaba a cruzar una pequeña calle, por la cual generalmente transitaban muy pocos vehículos y en ese minuto, cuando Sofía estaba en medió de la calle, un auto a exceso de velocidad apareció de la nada, como un animal furioso, que esperó hasta el momento justo para saltar por su presa. Tomás corrió en dirección asía donde se encontraba Sofía, pero estaba seguro de que no llegaría a tiempo, no era bueno para las actividades físicas, pero tenía que hacer algo. Cuando estaba a punto de llegas con su amiga, el vehículo estaba a segundos de golpear a Sofía, que se había quedado petrificada. Entonces…, entonces…, entonces ¿Qué sucedió?, aunque se esforzaba, no era capaz de recordar nada más, hasta ahí llegaban sus recuerdos, pero no…, no podía ser así, tenía que saber que había sucedido, tenía que saber que había pasado con Sofía y tenía el presentimiento que si abría los ojos, lo sabría, lo sabría todo. Y haciendo uso de toda su fuerza de voluntad por saber que había sucedido con su amiga, logró abrir los ojos, cubriéndose con los brazos de la intensa luz que en un principio se lo impidió. Pero esta vez no había ninguna luz, y fue grande su sorpresa cuando, luego de una simple mirada a todo, supo la verdad. La verdad, la verdad de lo que había sucedido con él y con Sofía, ciertamente no la conocía con exactitud, pero podía darse una idea muy precisa de lo que había sucedido. Entonces se imaginó así mismo corriendo hacía donde se encontraba su amiga, y en el último instante, cuando el vehículo estaba en sima de ambos, él salto, empujando a Sofía lo más lejos que pudo, recibiendo todo el imparto del vehículo. Volvió a la realidad, y lo que vio fue a Sofía, sentada en un vehículo de urgencias, pálida, con la mirada pedida. Estaba cubierta por una frazada, y un carabinero le hacía preguntas que ella no respondía. Muchos estudiantes miraban la escena de lejos, y entre ellos, muchos de sus compañeros. Veía a muchos paramédicos, o eso pensó Tomás, conversando entre ellos, el vehículo que lo había golpeado estaba un poco más alejado, con todo el parabrisas trizado. Un hombre que estaba cerca del vehículo, y que Tomás pensó que era el dueño del automóvil, conversaba con carabineros, y por sus movimientos parecía esta borracho. A unos diez metros del vehículo, un grupo de paramédicos rodeaba un bulto, el cual estaba tapado por una lona azul.
“Sí, la muerte es helada”, fue la primera idea que pensó al ver aquel bulto, y no tardó en darse cuenta de que lo que cubría aquella lona era su cuerpo, o mejor dicho, lo que había sido su cuerpo cuando estuvo vivo. Pero ahora ya no lo necesitaba, ya no más, ahora que era un alma, algo parecido a un fantasma, algo que no era capaz de sentir nada…, sí, eso era el ahora. Eso era lo que creía, pero estaba equivocado en algo, si era capaz de sentir, sentía mucha felicidad por haber logrado proteger a Sofía, la única chica a la que podía llamar amiga, la única chica con la que había compartido tantos momentos inolvidables, y la única chica a la que había amado de verdad. Estuvo atrapado en esos pensamientos por unos pocos minutos cuando una palabra se le vino a la mente…, partir…, y se repitió la misma palabra un par de veces más…, partir, partir…, lo entendía muy bien, era hora de partir, hora de que su alma dejara ese mundo, he ir al lugar donde van todas las almas al morir. No sabía bien que le esperaba allí, pero sabía muy bien lo que no habría en ese lugar, Sofía…, “si esté es mi momento de partir”, pensó, “entonces, al menos me despediré de Sofía”.
Se deslizó suavemente por sobre el piso, (sus pies no tocaba el suelo…, claro, era un alma ahora…), movido por la única idea de poder despedirse. Cuando por fin estuvo frente a su amiga, levantó una mano, en señal de despedida.
-adiós, mi querida amiga…- se quedó esperando a que la chica reaccionara y se despidiera como solía hacerlo siempre, y entonces recordó… “pero, si estoy muerto…” y entonces un gran dolor invadió su corazón, ese dolor causado por una despedida inconclusa con los seres que amamos. Entonces se le vinieron a la mente todos los momentos que habían compartido juntos, y en las últimas palabras de Sofía… “me asustas”. Cuando pensó en esas últimas palabras, Tomás entendió que su relación con Sofía no era como creía. Sí, se llevaban bien juntos, y no podía decir que no eran amigos, pero él siempre fue muy posesivo con su amiga, y era él el que nunca la dejaba sola en ningún momento, a tal punto que al parecer la llegó a incomoda. Ahora comprendía porque le había molestado la forma en que vio su teléfono mientras esperaba en la escalera. Angustia, sentía mucha angustia cuando Sofía se demoraba más de lo habitual, y no se calmaba hasta que ella llegaba, o le mandaba un mensaje. Ahora se preguntaba ¿Por qué?, ¿Por qué llegaba a esos extremos?, tal vez ¿era el miedo de perder a su amiga?, ¿o era su forma de mostrar amor?
“No…, no puede terminar así…”, sentía rabia consigo mismo por no haberse dado cuenta antes de lo mal de su comportamiento, pero principalmente sentía una gran impotencia al entender que ya no podía hacer nada para solucionarlo. Su alma comenzaba a elevarse, y poco a poco, todos se iban haciendo más pequeños ante su vista. “No, no puede terminar así…”, Tomás seguía repitiéndose eso para sus adentros, sin perder de vista a Sofía, con la vaga esperanza de que está le dirigiera una última mirada, lo cual nunca sucedió, “que tristeza”, pensó. Hay veces en que crees que todo está bien a tu alrededor, y te siegas a la verdad aunque este frente a ti, y cuando por fin te das cuenta tu error, ya es demasiado tarde. Nuevamente Tomás se hallaba en completa oscuridad, pero esta vez sus ojos estaban completamente abiertos
Sabía que algún día Sofía miraría al cielo y pensaría en él…, pero cuando eso sucediera, él no podría verla, ya no podría ver nunca más aquel rostro que le gustaba tanto mirar durante las tardes de silencioso estudio…, no, nunca más. Ya nunca más escucharía ese “hola”, y ese “… nos vemos mañana” que tanto le gustaban.  

“Fría”, pensó, “la soledad es muy fría…, más fría que la misma muerte”.

sábado, 26 de mayo de 2012

La Esclava


En un mundo en que las arenas cubrían las calles, y el agua escaseaba, este recurso se volvió el elemento más común de intercambio. Algunas personas podían vivir cómodamente, sin preocuparse por que les faltara el agua, pero otros tenían que trabajar arduamente para lograr obtener un vaso de agua para poder beber en el día.  En estas circunstancias era bastante común en las ciudades más pobres, en donde no existía la ley, la compra y venta de esclavos, ya que para los hombres que estaban solos era mucho más conveniente el tener una esclava, a las cuales se les podía incluso dar el agua que usaban para lavarse, que una mujer que tuviera que consumir agua potable y limpia.
De igual forma era en un pueblo ubicado en uno de los desiertos más grandes que se conocieran. No era un pueblo con mucha vida, y los únicos que llegaban a él, eran los bandidos que buscaban vender su mercancía, o gente que se perdía en el desierto. La gente que vivía en aquel pueblo era verdaderas lacras de la sociedad, desde hombres que había violado a docenas de mujeres hasta verdaderos asesinos en serie que en busca de un descanso llegaban hasta esas tierras. Este pueblo se llamas Cremna. Solo había una un día al mes en que el pueblo se llenaba de vida, y ese día era cuando llegaba la gran caravana de esclavas, una caravana llena de chicas jóvenes, las cuales eras raptadas de sus familias a corta edad, o incluso eran vendidas, cuando las familias no tenían los medios para mantenerlas. El grupo que dirigía la caravana las tomaba y las trataban de una forma totalmente horrible, obligándolas a tener relaciones en cualquier momento, y dándoles de comer las porquerías que sobraban, eso hasta que cumplían una cierta edad en que ya las vendían, para luego buscar nuevas mercancías.
Es así como llegamos al comienzo de nuestra historia, el día en que nuevamente la caravana venía al pueblo.
-¡ya viene… hay vine la caravana de esclavas!- un gran grupo de hombres en su mayoría, y con algunas mujeres, se congregaron en la plaza del pueblo, para presenciar el show que un día al mes los entretenía a todos.
Desde muy lejos se veía como las personas despejaban el camino para dejar parar a la famosa caravana, que era encabezada por un carro, el cual daba la impresión de ser una casa con ruedas movible. Este carro jalaba de cinco grades jaulas, la cuales estaban cubierta con pieles por todos lados, para que la gente no pudiera ver a las esclavas antes de tiempo. Cuando el carro se detuvo, una de sus puertas se abrió y seguido bajaron dos hombre, uno de los cuales era mucho más joven que el otro, de no más de veinte años, y al parecer se encargaba de cumplir con las indicaciones del hombre más viejo, el cual era alto de pelo canoso, y con una abundante barba. El joven se acerco a la jaula de esclavas y el más viejo se acerco a su público.
-¡una vez más hemos vuelto con nueva mercancía!- esas solas palabras hicieron que todos los pueblerinos presentes se emocionaran y estallaran en gritos -¡entonces vamos a comenzar esta venta con una sorpresa!- fue entonces que el joven apareció nuevamente, jalando de unas cadenas a las cuales iba atado un hombre de unos treinta años, más alto que el joven que lo jalaba, y una piel enrojecida por él sol. Aquel hombre atado solo llevaba puesto unas telas que cubrían su entrepierna, pero además de eso, se podría decir que estaba desnudo. Gracias a su vestimenta se podía apreciar que era bastante fornido, cosa que contrastaba bastante con su conducta dócil, casi sumisa.
-¡este joven tiene mucha fuerza, y le servirá mucho a cualquiera que necesite realizar trabajos pesados y agotadores!- era de conocimiento público que la caravana de esclavas algunas veces también vendía hombres jóvenes, por lo que hombres de diversas partes del mundo llegaban con la intención de adquirir algún esclavo, en vez de tener que pagarle a alguien por los trabajos.
-entonces, para comenzar, el precio mínimo de venta son 20 litro de agua, ¿alguien lo quiere?- luego de la pregunta del viejo vino un silencio expectante, mientras la gente esperaba a que alguien quisiera comprar al joven.
-yo doy los 20- de repente un hombre de mediana edad alzo la voz con la intención de comprar al joven.
-¡entonces se vende a las una, a las dos!…. ¡Y a las!-.
-¡alto, yo doy 50 litros de agua!- salto una de las mujeres, de unos 40 años, para ofrecer más por el joven.
-¡en 50 entonces!, alguien más, o se vende en uno, dos y vendido a las señora que esta atrás del grupo- el joven asistente, que jalaba del esclavo, se acercó hasta la señora que estaba al final y le entrego la cadena del esclavo.
Así la venta continuó, siguiéndole al hombre, tres chicas muy guapas, que fueron compradas por un mismo hombre, que al parecer quería seguir comprando más esclavas.
-¡bien, estamos ya en la última venta de hoy, Esteban, trae a la chica!- Esteban, que era como se llamaba el joven asistente, apareció entonces jalando de las cadenas de una joven muy hermosa, que no paso desapercibida para nadie de los presentes. La joven parecía que era más joven que las demás esclavas que se habían vendido hasta el momento, y al igual que las demás, solo iba vestida con unas telas que cubrían su entrepierna.
-como lo pueden notar, esta chica es la más joven que traemos, solo tiene 18 años, y es de lo mas servicial, ¿Quién la quiere?... su precio inicial son de 50 litros-.
-¡ofrezco 150 litros!- el hombre que había comprado a las chicas anteriores no quería dejar ir a aquella belleza frente a sus ojos -es todo lo que me queda para comprar, pero no importa, dudo que alguien en este pueblo pueda ofrecer una mayor cantidad… jajaja- nadie dijo nada entonces, y el viejo de la caravana estaba a punto de concretar la venta, mientras que Esteban iba a entregarle la chica a su comprador.
-¡yo ofrezco 200 litros!- de la nada un hombre alzo la voz, ofreciendo una cantidad mayor. Aquel hombre era conocido por todos, ya que siempre iba al pueblo cuando llegaba la caravana, pero nunca compraba nada, y tampoco se veía que disfrutaba del show.
Era un hombre alto, y de lentes, de pelo corto, y llevada una larga chaqueta que lo cubría hasta los pies.
-… ok… okay, ¿nadie más piensa ofrecer?- la pregunta fue contestada con un absoluto silencio, que solo se rompió cuando le vendedor volvió a hablar –entonces se le vende la chica al señor de lentes- el viejo que había comprado a las chicas anteriores no podía creer lo que había pasado, y aunque no paraba de refunfuñar, ya no podía hacer nada, sabía muy bien que un negocio era un negocio, y este ya se había completado.
Esteban jalo de la chica hasta aquel hombre de lentes y le entrego la cadena, y el hombre de lentes señalo un lugar con cinco barriles, cada uno con unos 40 litros de agua. Luego de pagar por la chica, se alejo de la plaza lo más rápido posible, jalando de la chica con gran rudeza.
Cuando el hombre se detuvo por fin,  ambos estaban ya lejos de todos los ruidos de la plaza, junto a una moto de arena, muy común para transportarse en el desierto.
-perdona por lo rudo que he sido, pero quería salir de ese lugar lo más rápido posible….- mientras el hombre hablaba, saco una llave, que le entregaron junto con la chica, y soltó las cadenas de la joven –sabes, me llamo Arturo… ¿tú tienes un nombre con el que te pueda llamar?- la joven no pronuncio ningún palabra, y solo se quedo mirando el piso.
-¿no recuerdas si alguien te ha dado algún nombre alguna vez?- mientras hablaba, Arturo se saco la chaqueta y cubrió con ella a la chica.
-no te preocupes…, mira… te llamare como a mi hija... Natalia…- luego de ponerle la chaqueta, y darle un nombre a la chica, se la quedo mirando un segundo, y luego, de la nada, la abrazo.
-…per …perdona… es que me recuerdas un poco a mi hija…., ella se fue de casa hace un año… y nunca la he vuelto a ver, y bueno…. – el hombre seguía hablando, como si estuviera convencido de que sus historias le interesaban a la joven, pero esta seguía sin decir nada –bien mejor… lo dejo para otro momento, por ahora vamos a casa Natalia..., vamos, sube a la moto- Arturo subió a su moto, y espero que la chica hiciera lo mismo. Esta tardo un poco en reaccionar, pero al cabo de unos segundos subió. Entonces partieron a la casa de Arturo, que ahora también era la casa de Natalia.
Así, una hora después, llegaron los dos a la pequeña casa de Arturo, una casa de piedra con puerta de madera, y dos ventanas en la parte de enfrente, una a cada lado de la puerta. La casa había sido construida bajo un pequeño risco, el cual lograba proyectar una sombra que cubría toda la estructura. El hombre de lentes condujo a la chiquilla al interior de la vivienda, que consistía en una sala de estar, una pequeña cocina, y dos habitaciones. El baño, como explico Arturo, estaba al aire libre, pero no era un problema, ya que estaban realmente solos en ese  lugar. 
-sabes Natalia, mi hija era casi de tu altura, y ella dejo muchos de sus vestidos en su habitación…, si te parece puedes quedártelos…- Arturo apunto a una de las habitaciones, la cual estaba con la puerta abierta –esa será tu habitación, la otra la ocupamos mi mujer y yo- dijo mientras señalaba la otra habitación, cuya puerta estaba cerrada.
-¿Dónde está tu mujer?- Natalia estaba quieta en la entrada, mientras Arturo la veía sonriente, ya que esta era la primera vez que escuchaba a la chica hablar.
-veo que ya estas empezando a conversar… bueno, bueno…. Mi mujer está de compras…, ya va siendo hora de comer… así que no creo que se demore mucho...- entonces Arturo agarro a Natalia del brazo y luego la condujo a la habitación de su hija –sabes…, antes de ponernos a conversar, mejor cámbiate de ropa, luego la dejo dentro y cerró la puerta.
-escucha Natalia, yo no quiero que seas una esclava… la verdad es que te compre como una… pero desde ahora en adelante, te libero de la esclavitud, aunque siéntete libre de vivir con nosotros...- luego de un pequeño silencio se escucharon los pasos de Arturo alejándose.
Entonces Natalia comenzó a revisar entre los vestidos de la hija de aquel hombre, y en cuestión de minutos estaba en la sala de estar, junto a Arturo, que contemplaba lo bella que se veía con un largo vestido de color verde, que le llegaba hasta las rodillas. Parecía que el vestido estaba hecho para ella, y así se lo hizo saber Arturo.
-increíble… debo decir que el vestido te queda mejor a ti que a mi hija- en ese momento un par de lagrimas resbalaron por las mejillas de Arturo.
-¿Por qué esta llorando?- Natalia se acerco a Arturo y con una gran dulzura y delicadeza seco las lagrimas de la cara de esté utilizando el mismo vestido que llevaba puesto.
-no lo sé…, pero no me hagas caso, son cosa mías, nada más…, oye, ¿no escuchas algo…?- ambos se quedaron en silencio, y efectivamente lograron escuchar el ruido de un vehículo que se acercaba a la casa de Arturo.
-no…, no… ¡NO DE NUEVO!- al escuchar aquel ruido Natalia enloqueció y se dejó caer al suelo, cubriéndose la cabeza con los brazos.
-¿tú conoces de quien es eso vehículo?- Arturo se agacho junto a Natalia, colocando sus manos en los hombros de la chica intentando calmarla
-¡es la caravana!... ¡No quiero volver que me lleven de nuevo!- entonces, como en acto paternal, Arturo abrazo a la chica y la beso dulcemente en la frente.
-…tranquila, no dejare que te lleven a ningún lado, esta es tu casa ahora, y yo me encargare de protegerte- luego Arturo llevo a Natalia a la cocina, y cerro la puesta –quédate hay escondida por si algo llega a suceder…- mientras terminaba su frase se escucho un golpe en la puerta.
-¡abran rápido… si no lo hacen…, derribare esta puerta!-.
Arturo reconoció, para su pesar, la voz del hombre de barba que dirigía la venta de esclava en la ciudad, cosa que le dio un mal presentimiento. Se acerco lentamente a la puerta, ignorando la voz del hombre que estaba gritando y exigiendo que se diera prisa, y abrió la puerta, encontrándose con aquel hombre de barba y con Esteban, el mismo joven que le entrego a Natalia.
-¿cómo esta señor?… lamento molestarlo…, mi nombre es Gregor y usted me compro una esclava hoy en la tarde…- Natalia escuchaba atenta desde la cocina, mientras Arturo pensaba en que contestarle al señor que tenía en frente.
-sí, me acuerdo de usted… ¿en qué puedo ayudarle?-.
-pues vera, hay un cliente que me está ofreciendo una cantidad increíble de agua por esa chica…, bueno, yo trate de explicarle que ya la había vendido, pero que podía ofrecerle cualquier otra chica…, incluso le ofrecí más de una, pero me insiste que quiere a la chica que le vendí a usted- Arturo estaba demasiado furioso por como este hombre se refería a Natalia, la trataba como a un simple objeto, pero no podía hacer nada, sabía que estaba tratando con un hombre muy peligroso, y no sería bueno hacerlo enojar.
-perdóneme señor Gregor, pero si quiere que le devuelva a Na…, a la chica que me vendió, la verdad no estoy interesado- Natalia no sabía que pensar, hasta ahora Arturo había sido muy bueno con ella, pero la verdad era que no lo conocía, y ¿Qué pasaría si cambiaba de opinión?
-mire señor, no le estoy pidiendo que me la de sin más…, mire, estoy dispuesto a entregarle 300 litros de agua- Gregor estaba dispuesto a que Arturo le entregara a la chica por cualquier medio, y no admitiría un no por respuesta.
-repito, no me interesa…- Arturo estaba perdiendo la paciencia con la insistencia del dueño de la caravana, el cual había estado todo el tiempo con ambas manos en los bolsillos.
-pues, entonces, que le parece, si además de los 300 litros de agua, le agrego una esclava, la que usted quiera, créame que tengo muchas para elegir, algunas chicas muy bonitas por cierto…- en ese momento se hizo un largo silencio, en donde Natalia pensó que estaba perdida, tal vez Arturo la encontraba parecida a su hija pero la realidad es que no lo era, estaba segura de que no sacrificaría lo que le estaba ofreciendo Gregor, al menos no por alguien a quien apenas había conocido, y en verdad ¿Por qué ella tendría que confiar en un hombre que apenas conocía?, era prácticamente lógico que él aceptaría.
-señor Gregor, realmente no quiero faltarle es respeto… ¡pero cuantas veces tendré que repetirle que no me interesa su oferta! ¡y le diré algo más, NATALIA ES PARTE DE MI FAMILIA, POR LO QUE NUNCA MÁS VUELVA A TRATARLA COMO UNA ESCLAVA! ¿Me entendió o se lo repito?- Arturo estaba muy molesto con el comportamiento de Gregor, por lo que no pudo controlar sus palabra, mientras que Natalia no podía creer lo que había escuchado, Arturo en verdad se estaba enfrentando a un hombre tan peligroso como Gregor por ella.
-pues… ¡es usted un hombre muy tonto!- sin aviso aquel Gregor sacó una pistola desde su bolsillo derecho, y disparó a Arturo hasta que el arma se quedo sin balas -¿acaso no sabe apreciar un buen negocio?... pero que hombre más tonto…- luego entrego el arma a Esteban, que presencio todo el acto, y entro con ímpetu a la casa de Arturo para buscar a su esclava.
Natalia, que sin haber visto lo que había sucedido, no tuvo problemas para imaginarlo, por lo que estaba en completo estado de shock, en parte porque no quería regresar con el hombre que la buscaba, y porque cierta parte de ella estaba preocupara por la condición de Arturo. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos sin control alguno. Entonces sintió como la puerta se abría de un golpe, y la figura de Gregor apareció en el umbral, el hombre que durante toda su vida la hizo sufrir de una manera inimaginada, tratándola como a un verdadero objeto sin vida. Fue en ese momento que el miedo que Natalia sentía se fue convirtiendo en una furia increíble por todo lo que le habían hecho ella, y por lo que le habían hecho a ese hombre que estuvo dispuesto a protegerla. Rápidamente Natalia tomó un cuchillo que estaba cerca suyo y se lanzó en contra de Gregor, que no tuvo tiempo de reaccionar y fue víctima de aquel ataque. Esteban, que presencio aterrado aquella escena, escapo lo más rápido que pudo en el vehículo de la caravana, sin intención alguna de volver.
Entonces la chica se acerco a Arturo, quien había perdido mucha sangre, y ya no respiraba, y sin poder hacer nada, Natalia se rompió a llorar sobre el cadáver del hombre que la había sacado de la caravana de esclavas y que le había dado un hogar. Fue en ese momento que Natalia se dio cuenta de que en el bolsillo de la camisa que Arturo llevaba puesta, había un sobre con una carta. La chica saco la carta del sobre y se dio cuenta de que estaba dirigida a “Natalia”, que naturalmente debía tratarse de la hija. Natalia pensó entonces en devolver la carta al bolsillo de Arturo, pero algo en ella quería leer la carta, por lo que termino cediendo a su impulso:


Hola Natalia, espero que estés bien, sabes, cuando te vi por primera vez te dije que tenía una hija parecida a ti, y por eso te llame Natalia, pero eso no es verdad, la verdad es que ese es tu verdadero nombre, y tal vez ahora mismo te está preguntando como lo sé, y la respuesta es que tu eres mi hermana.
Cuando yo tenía 12 años decidí salir a trabajar, ya que nuestros padres no tenían los medios para mantenernos a los dos. Por entonces tú todavía no habías nacido, por lo que no alcance a verte, y cuando volví ocho años después, me entere de que una banda de ladrones había asesinado a nuestros padres y te habían llevado con ellos. Durante mucho tiempo investigue y te busque, pero sin ningún resultado hasta hoy cuando te vi bajando de la jaula de la caravana. Sabes, te reconocí de inmediato, ya que eres la viva imagen de nuestra madre, hermosa y joven. De verdad es una gran alegría para mí el haberte podido encontrar, no sabes la alegría que ciento en este momento.
Perdona por decírtelo así por medio de una carta, pero me dio miedo de que no me creyeras, pero ahora por fin volvemos a estar juntos y desde ahora en adelante podremos decirnos todo lo que sentimos, podremos vivir juntos como familia.

Cuando Natalia terminó de leer la carta de Arturo, se percató de que en el sobre había una foto, y cuando la saco se sorprendió al ver una foto de un hombre muy parecido a Arturo, y una mujer que se le parecía mucho, no cabía la duda de que se trataba de una foto de sus padres. Una tristeza enorme invadió entonces a Natalia, que justo cuando se había esterado de que tenía un hermano, se lo terminaron arrebatando, dejándola completamente sola en el mundo.


Más tarde cuando la mujer de Arturo llego a la casa, se encontró con una horrible escena, un hombre acuchillado en la cocina, Arturo, en un charco de sangre en la sala, y sobre él, colgaba una chica, que se había ahorcado, con una carta en una mano y una foto en la otra. 

lunes, 25 de abril de 2011

Fantasma Enamorado

A pasado un año desde el triste día en que la joven Ana murió atropellada por una motocicleta descontrolada, dejando solo a su joven amado, Esteban. Es en este contexto en que esta historia de romance da inicio.
-¡ya levántate Esteban!... vas a llegar tarde a tu nueva escuela- Esteban escuchó claramente aquella voz que lo llamaba, y obedeciéndole como acto reflejo, se levantó de inmediato, pero como seguía medio dormido, no se había percatado de lo que estaba sucediendo.
-ya, ya, me estoy levan… espera… esa voz era…- con los ojos bien abierto, Esteban hecho una mirada por toda la habitación, y fue grande su sorpresa al ver que era el único en ella. “Debió ser mí imaginación”, pensó el joven, sin darle más importancia al asunto, pero se llevó una segunda sorpresa cuando se gira hacia su armario y entonces queda frente a frente con aquella tierna mirada de su difunta amada, Ana, la cual llevaba fallecida un año. Esteban cayó de espaldas y trato de pedir ayuda, pero por más que intentaba, no conseguía emitir ninguna clase de sonido a causa del miedo que sentía.
-lo siento Esteban… no pensé que te asustarías tanto- la chica hizo una seña de despedida con la mano y se dio vuelta con la intención de marcharse.
-es… espera Ana, ¿de verdad eres tú?- el joven se levantó del suelo, un poco más calmado y trato de alcanzar a la chica, pero esta rápidamente se gira, y lo mira con una gran sonrisa en su rostro.
-por supuesto que soy yo… y veo que tu sigues siendo el mismo, siempre caes en el mismo truco en el que me voy llorando…- Esteban se puso a recordar aquellos días en que ambos pasaban todo el tiempo juntos, y como Ana, siempre que quería ganar en una discusión se hacía la molesta y le daba la espalda, y cuando por fin él aceptaba la derrota, ella le sonreía dulcemente.
-pero Ana, en realidad ¿estas viva?—la chica se acercó al joven, e intentó tocarle  la mejilla, y fue entonces que Esteban supo la verdad, cuando la mano de Ana lo atravesó.
-lo siento Esteban… pero yo si estoy muerta- Esteban se largo a llorar tal como lloró en el funeral de su enamorada –perdóname si te hago mal, pero he venido porque te conozco, y se que por haberte dejado, ahora estas solo-.
Las palabras de Ana eran ciertas, Esteban era un chico muy pero muy tímido, que nunca ha hecho amigos, excepto un chico de la infancia, que por trabajo de su padre se fueron muy lejos, y nunca se volvieron a ver. Él y Ana se habían conocido dos años antes de que ella muriera, un día en que ella, del mismo curso se le acercó, ya que le daba lastima verlo tan solo. Fue en ese momento que ella lo ve escribiendo, y Esteban le contó que a el le encantaba escribir, y que le encantaría que alguien leyera sus historias alguna vez. Ella siempre había sido una gran lectora, por lo que insistió para poder leer sus historias. Entonces, mediante aquellas historias fue que Ana fue conociendo cada vez más de Esteban, y finalmente comenzó a sentir algo por él, del mismo modo que Esteban despertó un sentimiento por Ana. Con el tiempo ella logró que Esteban se acercara más a la gente, y unos meses antes de que Ana muriera ambos se declararon su amor, pero luego de su muerte Esteban había vuelto a ser el de antes, ya que por el trabajo de su padre tuvo que cambiarse de ciudad. Estaba cursando su último año en otra escuela.
-entonces, ¿te quedaras con migo Ana?- Ana, que seguía con su mano en la mejilla de Esteban, hizo el intento de abrazarlo, pero nuevamente lo atravesó.
-no Esteban… ya que cuando morí mis sentimiento desaparecieron, ya no siento dolor ni alegría…- la joven espíritu dio un largo suspiro y continuo -en realidad estoy aquí porque si tu no estas bien, mi alma no podrá descansar en paz- Esteban se alejó de Ana y se puso a ordenar su mochila para ir al colegio mientras la chica lo veía.
De pronto Ana se percató de que Esteban caminaba por toda la habitación, como si estuviera algo, y su rostro denotaba algo de preocupación.
 -¿Qué es lo que buscas Esteban?-.
-es que no encuentro mi cuaderno de historias… pero voy a llegar tarde, creo que lo buscare después…- la chica puso una cara de horror en su rostro y camino hacía la ventana.
-se que estas solo…, pero tu nunca dejabas tus historias..., y ahora actúas como si perdiste algo sin valor- Ana estaba preocupada por aquella actitud de la persona, que en tiempo de vida, era lo más importante que tenía.
-¿y que más da Ana?… ya no hay nadie que quiera leer mis historias… ya no me siento motivado para escribir…- Ana no podía concebir lo que escuchaba, ya que sabía la gran importancia que tenía ese cuaderno para Esteban.
-no Esteban, no está bien, puedes hundirte solo por mí… por mi muerte- Ana hablaba desde lomas profundo de su corazón, y estaba a punto de llorar, pero no quería que esteban viera aquello.
-pero ya lo hice Ana, me he hundido, y no creo que pueda levantarme…- la chica, al oír aquellas palabras le dio la espalda a Esteban y salió volando por la ventana perdiéndose de la vista, sin saber qué hacer para que él volviera a ser el chico que ella amo. El joven se quedó unos minutos viéndola alejarse, notando que nadie se percataba de la chica voladora, pero no tenía tiempo para pensar en aquello, y se fue corriendo al colegio, sin haber desayunado.

En el colegio no ocurrió nada fuera de lo normal, aunque Esteban esperaba que Ana apareciera para hablar del asunto de la mañana, pero ella, sin que el joven la viera, estaba observándolo desde muy cerca, puesto que se encontraba a su lado, sin dejarse ver, ya que al estar muerta, solo la persona a la que ella permitiera podía verla. Ana acompañaba a Esteban a todos lados, en busca de alguna chica que pudiera llegar a su corazón, pero para su mala suerte se dio cuenta de que nadie conocía a Esteban, nadie se percataba de su presencia, pasaba totalmente desapercibido a los ojos de los alumnos, incluso aunque llevaba como un mes en ese nuevo colegio. Era bastante penoso, ya que ni siquiera los profesores lo veían, como un profesor que choco contra Esteban, y fue casi como si hubiera chocado contra una pared, ni siquiera se molesto en regañarlo por no estar atento.
Cuando la campana de salida sonó, Esteban bajó las escaleras lentamente para irse a casa, mientras que Ana lo observaba y pensaba en que podía hacer para ayudarlo a recuperarse.
-disculpa… ¿tú eres… Ana?- Ana se giró asustada, ya que no quería que nadie la viera, y sin embargo alguien la logro ver, pero fue mayor su sorpresa de que la chica que le estaba hablando era alguien que jamás había visto, y al parecer, por la expresión de su rostro, que la joven se daba cuenta de que ella estaba muerta.
-¿Cómo me conoces?- Ana le hablo calmadamente, y la chica parecía más calmada al oír la voz de Ana.
-bueno… es que he visto tu foto antes- fue entonces que Ana se dio cuenta de que la chica que le estaba hablando llevaba un cuaderno que ella ya había visto antes, el cuaderno de historias de Esteban.
-¿Por qué llevas eso?- Ana apunto al cuaderno que la joven cargaba en sus brazos, pero esta no se veía asustada de ser descubierta.
-eh, bueno, es que a Esteban se le quedó en la sala el otro día- esa chica llamo la atención de Ana, ya que era la única que al parecer se percataba de que Esteban existía-… y fue en este cuaderno en que vi una foto tuya, junto a una nota en la que Esteban expresaba todo su amor por ti- Ana la miraba fijamente, pero esta desvió la mirada como avergonzada.
-¿Cómo te llamas niña?-.
-me…, me llamo Natalia- Natalia saco una cajita de su mochila, y de esta saco unos lente, los cuales se los puso.
-¿usas lentes?-.
-s…, si, es que hace un momento fui al baño y me lave la cara, y por eso me había sacado los lentes- Natalia hablaba con mucha naturalidad, sin darle mayor importancia al hecho de que hablaba con una fantasma.
-ajajá... solo te pregunte si usabas lentes, no era necesario que me digas lo demás- Natalia la miro con sorpresa-eres igual que él, siempre hablando demás…, oye leíste las historias de Esteban ¿no?-.
-sí, son muy buena, me gustan mucho, y la verdad me gustaría leer más, si es que él me permitiera…-.
-entonces por que no se lo dices-.
-pu…pues si se entera que tengo su cuaderno se puede enojar, y no se… no me atrevo a hacerlo…- Ana la miro a la cara, y Natalia se puso roja de vergüenza. Al parecer la Natalia era una niña bastante tímida, pero eso le agradaba a Ana.
-oye… ¿te agrada Esteban?... ¿sientes algo por él?- Natalia se puso mucho más roja que antes, pero asintió con la cabeza –eres honesta, eso me agrada… y entonces… ¿Por qué no le acercas y le hablas?-.
-eh… pues… ya te dije que no me atrevo a hacerlo… y además Esteban… te ama-.
-si, pero yo no puedo…- de pronto Ana se percató del porqué de la conducta tan calmada de Natalia -oye tu…  ¿no notas nada especial en mi?-.
-no, eres igual que en la foto en que te vi, no tienes nada raro, ¿Por qué?- era evidente, como la vio sin su lentes, Natalia no había notado que ella era un fantasma, y por esto no tuvo miedo de hablarle.
-No es nada… sabes algo Natalia, Esteban es un chico genial, capaz de darlo todo por una persona… pero es muy tímido y nunca se atreve a hacer nada por si mismo…- Ana se quedo en silencio por un minuto, y luego siguió –…él necesita a alguien que lo apoye y lo anime, y que le muestre lo especial que es… yo creo que tu eres la chica perfecta, eres muy hermosa, y tu personalidad le encantara a Esteban, créeme- Ana no sabía cómo contener las lágrimas, mientras le estregaba es cuidado de Esteban a otra mujer.
-pero, ¿y tú?- Natalia no entendía del todo las palabras de Ana, pero veía la tristeza de Ana en su rostro.
-Natalia, tal vez yo estoy en su corazón ahora, pero se que tu eres la única que puede lograr que solo piense en ti…, te diré que cuando logres entrar en el corazón de ese niño, nunca saldrás… estoy segura de que el no me olvidara, pero tu debes logra que yo pase a un segundo plano… solo te pido que te despidas por mí- sin poder más, las lágrimas de Ana comenzaron a caer sin cesar.
-¿despedirte?, ¿Por qué?-.
-dile qué me fui con una sonrisa en la cara y que les deseo lo mejor…- sin prestarle atención a la pregunta de Natalia, Ana continuo-… y te daré un consejo, Esteban siempre me dijo que le gustaban las chicas con lentes… ya que tienen dos rostros…uno que ven todos y otro que solo lo ve la persona especial… espero que lo entiendas, y ten confianza, el no te odiara, pero tal vez lo pongas un poco nervioso… por eso ayúdalo con las frases- estas últimas palabras las dijo con una sonrisa en su rostro.
-esta bien, lo haré- Natalia camino hacía la escalera cuando vio a Ana elevarse mientras se despedía -… ¿pero cómo?...-.
-la verdad… es que yo ya estoy muerta, pero no me puedo ir sabiendo que Esteban esta solo… pero no te preocupes por que se entristezca por mi partida… ya que le dije que al morir mis sentimientos desaparecieron… ahora es tu turno Natalia, adiós- Ana desapareció en el cielo y Natalia por alguna razón sabía dónde dirigirse para encontrar a Esteban.
El joven escritor estaba caminando lentamente en dirección a su casa por una calle completamente vacía, pensando en el día en que se había conocido con Ana.
-¡Estebannnnn!-.
-¡Ana!- Esteban giro tan rápido de la emoción, que casi da la vuelta completa -eh, tu eres… Natalia ¿no?- miro a la chica algo decepcionado de no ver a su amada, pero a esta no le importó en absoluto, solo se repetía las palabra que  escucho de Ana una y otra vez.
-yo…- Natalia saco el estuche de los lentes con una mano y se quito los lentes con la otra, y luego los guardo-... me encantaría leer más de tus historias-.
-¿Qué?- Esteban quedo confundido y a la vez  muy emocionado las palabras de aquellas extraña joven.
-se te quedo tu cuaderno el otro día en el colegio, y yo lo tome y lo leí… ¡leí tus historia… y me gustaría leer muchas más de tus historias Esteban!-.
-me gustaría… me gustaría que leyeras mis historias, pero yo… yo no creo que haya más-.
-Esteban, cuando  leí tus historias sentí que tu y yo estamos más que conectados… me gustaría quedarme a tu lado…, y me gustaría dibujar, me gusta dibujar, y me gustaría dibujar a tus personajes…- Natalia respiro hondo y continuo con las palabra precisas en la boca, como arte de magia -no quiero hacerte olvidar a Ana, no quiero que dejes de pensar en ella, pero quiero ser la que ahora sea tu apoyo, quiero ser ahora la persona a la que le cuentes tus penas y tus alegrías, y quiero ser la persona que te de felicidad… y te inspire…, por eso no dejes de escribir- Natalia corrió hacía Esteban y se lanzo a sus brazos, y este la recibió.
-esto es un poco extraño Natalia… pero me encantaría que leyeras mis historias, y me encantaría que me conocieras y me encantaría conocerte… eres una chica muy dulce, solo espero que me tengas paciencia conmigo- en esos pocos minutos Natalia había logrado llegar al corazón Esteban.
Entonces Natalia le contó a Esteban todo lo que había sucedido con Ana hace unos minutos antes y la verdad sobre los sentimientos que guardaba. Cuando acabo, Esteban lloró como nuca antes había llorado antes, pero ahora no estaba soló, tenía a Natalia para consolarlo.
 Con el paso del tiempo el amor floreció entre Esteban y Natalia, y cuando terminaron cuarto medio, el chico publico todas las historias que había escrito hasta ese momento. Ambos se decidieron irse juntos con permiso de sus padres, y con el dinero ganado por los libros, lograron tener un buen comienzo, y ambos estudiaron una carrera. Más adelante su familia creció con una niña y dos niños, y nunca Esteban volvió a publicar un libro, pero nunca dejo de escribir, seguía escribiendo para sus dos amadas lectoras.

Esta fue la historia de amor entre Esteban Guzmán Olivares, y sus amadas Ana y Natalia, y para mi esta es la mejor historia de amor jamás publicada. De E.G.O.

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